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lunes, julio 18

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La capitana
Por Daniel Link

Diario Perfil 15/07/11 -


Yo había vuelto volando para integrarme sin éxito a la epopeya democrática de la que participamos (no para votar al FpV, ni tampoco al PRO, porque la disputa entre populismo y liberalismo me parece muy del siglo pasado, sino para aportar mi voto habitual a la izquierda –lo más moderno al alcance del elector y la electriz).

El preembarque fue una pesadilla de controles (¿crema?, ¿shampoo?, ¿pasta de dientes?, ¿alicate?), agravado por el hecho de que me acompañaba una turba de adolescentes que no habían puesto nunca un pie en un avión e ignoraban que cargaban armas letales en sus mochilas. Ya en vuelo (había obtenido, gracias a mi simpatía arrolladora, el asiento 1C) vi que el comandante salía de su cubículo y, con la puerta abierta, se entretenía en conversaciones intrascendentes con el azafataje, contradiciendo de facto las precauciones que, horas antes, nos habían sostenido en suplicio.

Por la puerta abierta, una melena desencadenó mi duda. Le pregunté a la azafata (¿o sobrecarga?) si el piloto (o pilota) era una mujer. “Sí, es una mujer, hay muchas”, me contestó orgullosa y cómplice (porque mi simpatía, etc.). Le pregunté si ella creía que debería decirse “la señora comandante” o “la señora comandanta”. La primera opción era la correcta, la segunda palabra no existe, dictaminó mi amiga del aire, de quien me acordé el domingo por la noche cuando, entre la cantidad abismal de tonterías que dijo Daniel Filmus en el discurso en el que reconoció la derrota de su ¿proyecto? de gobierno (¿autoestima popular?, ¿invasiones inglesas?, ¿Alfredo Palacios?, ¿ballotage?), lo vimos enredarse en las problemáticas de género gramatical, en un afán mimético que, como suele suceder, no le salió del todo bien.

Trabajo Práctico 1

Elaborar un comentario breve (2 ó 3 ) párrafos, siguiendo las pautas de un texto argumentativo, en relación a una noticia que consideres relevante de la última semana

Editorial 1

AMIA: 17 años sin justicia
Es triste comprobar que al cumplirse un nuevo aniversario del feroz atentado no se ha avanzado en el castigo a los culpables
Se cumplen hoy 17 años del brutal atentado que destruyó la sede de la mutual judía AMIA, y truncó la vida de 85 argentinos y dejó centenares de heridos.

Como en cada aniversario, es inevitable volver a referirse a la impunidad de que aún gozan los autores intelectuales y materiales del peor hecho terrorista que sufrió nuestro país, una impunidad que en buena medida es resultado evidente de la desastrosa investigación de la justicia argentina y de la falta de una efectiva cooperación internacional.

Se ha calificado maliciosamente al atentado ocurrido el 18 de julio de 1994 de acto antisemita, cuando en verdad se trató de un atentado contra la Argentina y los argentinos. Aunque de diferentes orígenes, religiones y ocupaciones, los muertos y heridos eran ciudadanos de nuestro país.

La Justicia ha acusado a varios funcionarios y ex funcionarios iraníes, y ha pedido sus capturas a Interpol. Irán ha rechazado las acusaciones -aunque anteayer el presidente Mahmud Ahmadinejad prometió "cooperar con el gobierno argentino para que se haga toda la luz" sobre el atentado-, y un país hermano de la Argentina como Bolivia, cuyo presidente, además, es un aliado del kirchnerismo, no tuvo mejor idea, hace menos de un mes, que recibir oficialmente al ministro de Defensa de Irán, Ahmad Vahidi, uno de los imputados por la Argentina. Las disculpas que luego pidió Evo Morales, y que nuestro gobierno no debería haber aceptado, no alcanzan a borrar la afrenta en la que incurrió.

Los ríos de tinta y los engorros judiciales, políticos e internacionales del caso AMIA no deben permitir que se pierda de vista lo esencial: el dolor y la impotencia de los familiares y la frustración de la sociedad al ver que los años se suceden sin que, todavía, se arribe a la verdad, a la Justicia y al castigo de los culpables.

Cada 18 de julio se renuevan los reclamos y reaparece el clamor para evitar la impunidad y la repetición de un hecho similar. Porque, como hemos dicho en esta columna, la falta de esclarecimiento pleno y de castigo tanto en este caso como en el de la voladura de la embajada de Israel, ocurrido dos años antes, son una invitación a repetir esos aberrantes atentados.

Pero mientras la inmensa mayoría del pueblo argentino hace causa común contra el terrorismo, sectores minúsculos intentan envenenar la armoniosa convivencia de las diferentes colectividades que habitan nuestro país. Con el pretexto de diferenciar sionismo, movimiento fundacional del Estado de Israel, con judaísmo, concepto plural que engloba, religión, creencias, pertenencia y tradiciones, hay cultores del antisemitismo, como el piquetero Luis D'Elía, que predican posturas inaceptables y merecen la más tajante de las condenas. D'Elía ha hablado peyorativamente de "paisanos" y ha postulado una delirante teoría según la cual el de la AMIA fue un autoatentado.

Sorprende más la ambigüedad de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, que no ha expulsado de su movimiento al connotado piquetero, mientras ella mantiene un vínculo de cercanía con instituciones de la colectividad judía argentina y pronuncia encendidos discursos en la Asamblea de las Naciones Unidas solicitando el comparendo de los imputados iraníes. Esos reclamos, además, no se compadecen con el incremento de los lazos comerciales con Teherán que impulsa el Gobierno ni con lazos académicos y universitarios que fomentan algunas altas casas de estudio de nuestro país.

El nuevo aniversario es, entonces, un momento propicio para pedirle la mayor de las energías a la Justicia, una elemental coherencia al Gobierno, y cordura y silencio a quienes buscan discriminar

Diario La Nación 18/07/2011